Conocé el relato de parto de Loreley Turielle

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Historia de Parto por Loreley Turielle

No busqué mi embarazo, aunque desde hacía tiempo quería ser madre.
Ningún momento parecía ser el indicado y, dada la relación que tenía con mi trabajo, creo que el momento ideal no hubiese existido nunca.

El día llegó y pese a ser súper regular en mi período, no me daba por enterada de mis ya varios días de retraso. Me sentía pesada, pero miraba para un costado, silbando bajito.

Postergué todo lo que pude el momento definitorio que implica el test de embarazo. Tan evidente era la respuesta, que el test casi me habló: “Lore, ¡estás embarazadísima!”.

Estuve días sin mencionar el tema y casi sin hablar. No sabía qué hacer con todo lo que sentía…. Esto no estaba en mis planes. Miraba a Kino (el padre) y no le hablaba, no lo hacía partícipe de lo que me ocurría. Él esperaba. Con las hormonas en plena ebullición, mis reacciones eran muy poco lógicas. Agradezco que me haya tenido paciencia.

Lo que cuento aquí probablemente diste de la visión idílica del embarazo, pero lo cierto es que el ser sincera con mi historia ha sido, siempre, el inicio de la búsqueda del camino hacia la luz.

Transcurría el embarazo y mi querer y mi hacer no coincidían. Por un lado miraba videos de partos realizados en casa y leía acerca de semillas e infusiones ideales para acompañar el proceso. Con el deseo de que Santino naciera en nuestra casa, comenzamos un grupo de preparación con parteras; al mismo tiempo, metía jornadas interminables de trabajo -algunas de ellas superaban las 11 horas-.

Con la panza dura, seguía sin poder parar, sin hacer contacto, sin permitirme vivir mi embarazo de otro modo. Srta peel tenía casi dos años y realmente estaba obsesionada con superarme. En el camino, pagaba un precio demasiado alto.

Fue una etapa de mucha soledad y, para una mujer compleja, un trabajo de parto complejo.

Cuando llegué a término, sentí que explotaba. Mi panza rebozaba sin control. Y aunque durante ese tiempo mantuve muchas charlas con Santino, no pasaba nada. No visualizaba que naciera naturalmente y, como creo mucho en mis visualizaciones, me preocupé.

Para entonces no sólo estaba muy entregada a mi embarazo, sino que además no quería perder ese estado, en el cual de pronto era la estrella del momento. Tenía miedo y, por medio de mil micromecanismos, me resistía al inevitable transcurso de la vida.

Entonces comenzó a llover y las contracciones se desencadenaron con todo. Las parteras en camino y el anuncio de un viaje intenso que no iba a poder controlar. Durante el trabajo de parto toqué los lugares más desolados de mi ser. Sentí soledad, angustia y finalmente caí en la trampa: dejé de conectarme con el parto y conecté con el dolor, mientras luchaba contra eso sin el más mínimo sentido.

Vino la ola y ni la vi, no me subí a ella.

A todo esto, me preguntaba: ¿que sentiría Santino en ese momento?

La noche fue larga y casi llegado el mediodía mi útero dejó de trabajar. “Tenemos que ir al hospital”, anunció la partera. Me sentí frustrada. No estaba preparada para esa opción. Institución y posible cesárea.

Al llegar y luego de pasar por diversos procedimientos no muy amables, recibí un reto-sermón por haber estado en casa con las parteras. Entre el dolor y el cansancio, tomé con firmeza la mano del médico y con un afecto de oficio le dije: “Ahora necesito ayuda, después me hablás”.

Mis palabras tuvieron efecto. De todos modos no crean que la lucha por no poder controlar había cesado. ¡No! Podía hablarle al médico, pero aún no podía entregarme.

No había vueltas, tenía que confiar. Y así, cesárea mediante, nació Santino.

Le rogué a Kino que, mientras yo durmiera, estuviese siempre con él. Ese no fue un “gesto de oficio”: fue un sincero pedido de amor.

Desperté en la habitación con Santino cerca. Yo lo miraba y me costaba asociar que ese niño que estaba ahora ahí, hasta hace un rato, estaba dentro mío.

Pasaron unos minutos, no sé cuantos. Solo dije que me lo alcanzaran cuando me sentí preparada. Lo abracé, nos dormimos al instante respirando nuestros olores y despertamos completamente enamorados.

La contundencia del amor que sentí me sacudió. Lloré durante todo el viaje a casa. Y con Santino pegado al pecho, le dije en voz alta: “¿Te das cuenta que nunca voy a poder dejarte?

Edición del texto por Natalia Jinchuk & Silvana Nicola. Foto por Tali Kimelman para Mirá mama

PARTICIPÁ DE LA CONVOCATORIA:

Los invitamos a que nos envíen sus historias de partos a contacto@srtapeel.com. Asunto: convocatoria. Fecha de cierre: 31 de Mayo. Las historias las subiremos al blog de Srta Peel para que allí las puedan leer otras madres o futuras madres en busca de inspiración y/o consuelo.

Jurado:

Mariana Olivera, actriz, bloggera y mamá de Vicente.
Natalia Jinchuk, comunicadora de moda, editora de BlogCouture y mamá de Nina.
Loreley Turielle, directora de Srta. peel y mamá de Santino.

De todas las historias, pañuelo en mano, ellas elegirán sus historias favoritas.

Premios:

La favorita se ganará Orden de compra de Srta Peel por $ 2.000
+ Orden de Trommpo por $ 1.000
+ Una noche en el Hotel Dazzler.
+ Set Premium de Dove
+ Book de fotos valor US$ 100 (maternales o recién nacidos) de Catnap

Las dos menciones obtendrán cada una una orden de compra de Srta Peel por $ 1.000, una orden de Trommpo por $ 500 y un Dove Set.

¡Gracias por compartir!

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